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ENTREVISTA MMC

Extracto de la entrevista a Manuel Martínez del Carril,
en el backstage del programa televisivo “Más allá del estado de las cosas” de Canal 5 ,
que es conducido por Miguel Ángel Campodónico y producido por Pincho Casanova.

Entrevista realizada por Mateo Etchegoyhen.

¿Una opinión sobre este encuentro? ¿Con qué te quedaste, se llegó a algo?
MC: Todo lo que se hable sobre cultura va a ser siempre útil y necesario, mi opinión es que existe como un desconocimiento de la cultura como hecho social y bueno, esos fueron parte de los temas que estuvieron aquí hoy.

¿Qué opinas de la fragilidad de las instituciones educativas en materia de comunicación audivisual?
MC: Bueno, creo que en realidad el problema son los programas de enseñanza… todavía estamos en la época de la mitad del siglo pasado. La literatura, el papel impreso, todo lo demás es como que no existiera. Se convierte en clases de dibujo, en gente escuchando música que no escucha, no hay un aprendizaje de la comunicación audiovisual.

Y dentro de esa apreciación, ¿qué opinas de esa banalidad que pueda surgir en la gente?
MC: Eso depende en gran parte de los docentes; pero además está el problema de los programas y de las orientaciones que, desde el Estado se le da a la enseñanza. Pero los programas (de los años 50’ y 60’ por ejemplo) eran tanto más insuficiente que el de ahora, sin embargo, los docentes que daban esas asignaturas tenían que ver directamente con lo cultural, eran Emir Rodríguez Monegal, Ángel Rama, Roberto Ibáñez, José Pedro Díaz, Mario Benedetti. Eran docentes, antes quizás, que críticos. La formación de esos alumnos era totalmente diferente a la que pueden recibir de otros docentes que no están debidamente motivados y debidamente formados.

¿Tampoco existía la tele como referente de ocio?
MC: No, no. La tele no es problema, el problema es qué se hace con la tele. Porque también en aquella época estaban los libros Corin Tellado, que eran leídos por muchedumbres, y estaban los primeros García Márquez. Es decir, la diferencia es más o menos la misma. Sí, hoy hay tele, pero también hoy hay un cine de creación, un cine artístico, expresivo, revulsivo y renovador…

Revulsivo, me gusta eso…
MC: ¿Qué pasa? Pasa que la mayor parte de los consumidores (aunque consumidor es una palabra que inventaron ahora), pero la mayor parte de los espectadores o de los directores van a buscar a Corin Tellado. No van a García Márquez, da mucho más trabajo. Pero la gratificación que puede obtener un lector formado leyendo a García Márquez, no tiene nada que ver.

¿Estás conforme con los creadores uruguayos de hoy?
MC: No, creo que hay una crisis en ese sentido, que los niveles de creación no son los mismos. Creadores en general…

¿Y a nivel de inquietudes o preguntas que se hacen…?
MC: Yo creo que las inquietudes son simplemente interrogantes sin respuesta que se plantean los jóvenes. Es decir, las respuestas las tienen que dar los propios jóvenes actuando.

¿Pero qué pasa con la falta de espacios?
MC: Los espacios están todos disponibles.

Mmmm…
MC: No quedan casi generaciones viejas, es decir, ¿cuantos viejos quedan hoy? Casi nadie.

¿Y cuantos jóvenes quedan, en cuanto al éxodo “de mentes”?
MC: Sí, por supuesto, eso es cierto. Pero también lo hubo antes, algunos de los mejores…

Durante la dictadura, por ejemplo…
MC: No, antes. Onetti, Amorío, Quiroga… Algunos de los mejores escritores uruguayos emigraron. También hubo plásticos, excelentes plásticos uruguayos que emigraron a Paris o a Nueva York como Camnitser. Es decir, eso siempre se ha dado y puede seguirse dando ¿pero qué es lo que pasa? Pasa que falta, si se quiere, el arrojo, el arrojo de hacer la obra potente. ¿Por qué? Esa es la pregunta. Porque no hay públicos formados…

¿Por qué? ¿Porque no hay tiempo? ¿O porque la gente se banca una hora y media, dos, dos horas y media de cine yanqui?
MC: Yo creo que lo interesante es preguntarse qué es la obra, cuáles son sus códigos de comunicación, cómo es que se comunica, qué es lo que esta subvirtiendo. Ver la obra desde un punto de vista crítico y analítico. Por supuesto que Onetti no salió de la nada, salió de escritores norteamericanos. De la lectura de escritores norteamericanos, pero vistos y analizados críticamente e incorporando lo que de ellos sabía. Digo Onetti por decir alguien, pero puede haber muchos otros. ¿Qué es lo que nos enseña a nosotros generación del 60’? El laburo, el laburo, el laburo y la organización…

Son los que crean la organización, antes que la propia producción. Tiene que haber creación de estructuras que den permanencia, que den espacios y que den acceso. Derechos de acceso a la gente, a la sociedad, ahí es donde está el lío. Eso es lo que no se supo retomar luego de todo el proceso dictatorial. Es lo que falta hoy.

¿En qué podrían llegar a emparentarse el pensamiento de Nietzsche con el de Marx?

A partir de la lectura del texto de Berman podemos establecer las siguientes apreciaciones en torno a la pregunta formulada: por lo general, se considera a Nietzsche como parte de un grupo de intelectuales que reflexionaron sobre el hombre moderno, mientras que Marx si bien contribuyó a dicho pensamiento no se lo asocia con el mismo.

En su visión del “mundo”, Nietzsche considera que éste está preñado de su contrario. Para Marx, el mundo moderno es radicalmente contradictorio en su base. Estos enunciados nos permiten subrayar que existe una cierta similitud en el pensamiento de ambos; estableciéndose así una fuerte tendencia discursiva de la cultura occidental actual, la dialéctica.

A mediados del siglo XIX, Marx establece una serie de contrastes en el devenir humano. En primer lugar, señala el progreso en la industria y los avances científicos en oposición a los horrores que el propio hombre comete, repitiendo su trágica historia. Luego, en la relación hombre – máquina, observa que el avance tecnológico no es coincidente con una sistematización en el progreso de esta relación. Así mismo surge la concepción del arte como dispositivo moral, y la conquista de la naturaleza, establecen nuevas formas del sometimiento del hombre por el hombre.

En el mismo sentido, Nietzsche manifiesta que con el advenimiento de todas las cuestiones del hombre y la materia, surge la cuestión de la individualidad (una moral, una personalidad) y con esto su problemática. Al no poder hacer frente al terror del caos, el hombre asume su rol en lo imperfecto escondiéndose frente y dentro de esa totalidad. En un contexto de valores “vacíos”, también surgen simultáneamente posibilidades de transformación. Pero Nietzsche, en su nihilismo, introduce el descreimiento en el sujeto, dando una de las claves para explicar la mediocridad.

A todo esto, ambos señalan el surgimiento y la necesidad de un nuevo hombre… En el caso de Marx y su lucha en el ámbito de lo social, le otorga la vanguardia a la clase obrera; mientras que Nietzsche, en su intelectualidad Aufklarung, habla de un hombre del mañana y le proporciona ese lugar a la humanidad en su conjunto.

Ambos apuntan hacia un tipo de sujeto al cual le otorgan la cualidad de moderno. Marx afirma que la burguesía, para poder existir, necesita del cambio constante en los medios de producción, estableciendo nuevas redes de producción y de relaciones sociales. Nietzsche, sugiere que otro tipo de hombre moderno, que parodia el pasado, “porque no hay ningún rol social en los tiempos modernos en que se pueda calzar perfectamente”.

Por último, es necesario dejar una cuestión planteada: si los hechos acontecidos durante el siglo XIX serían -según Marx- una serie de hechos episódicos, parece importante señalar que la postura del autor pone en evidencia, la propia limitación de estos pensadores, de su verdadera condición de modernos.

Desarrolle el debate sobre la relación productividad – producto

La temática abordada en el capítulo en tratado, se analiza mediante una reflexión historicista por T. Maldonado. Corresponde a las décadas anteriores a la primera guerra mundial: allí se discute sobre la cuestión de la productividad industrial. En concreto, en Alemania, sobre términos como racionalización y tipificación, vinculados a objetos destinados a la producción en serie. Un dato relevante, durante esa época, en Estados Unidos, la reflexión asumía otro rol.

En 1907, H. Muthesius realiza un ensayo llamado “La importancia del arte aplicado”, en este caso, el autor realiza una durísima toma de posición al respecto. Se pronuncia sarcásticamente: “Sucedáneos e imitaciones festejan su propio triunfo”. Otro dato es introducido con anterioridad por Veblen, en el término conspicuous consumption, mediante la ostentación en la compra de objetos costosos: el poder económico, es así exteriorizado.

Veblen difiere con Muthesius, rechaza cualquier propuesta de mediación normativa en la forma de los objetos. Mientras que otro teórico, F. Naumann, señala el peligro que se ocultaba en el rechazo de toda norma que intentara disciplinar la dinámica productiva. ¿La producción industrial, se preguntaba entonces, ha de apuntar hacia la disciplina o hacia la turbulencia del mercado?

El interrogante, a diferencia de lo que sucedió en Estados Unidos, donde ni una ni otra iniciativa fue tratada en términos económicos, siempre se insertó en un discurso turbiamente “cultural”. Un fordismo con mala conciencia (léase A. Gramsci) era lo que se desplegaba en Alemania, porque el de origen norteamericano tenia una elaboración conceptual previa.

La crisis de la producción capitalista de 1930, con sus 12 millones de desocupados, implico el fracaso de las concepciones del fordismo. Todos aquellos que, como Ford, insisten en la búsqueda de una mayor productividad, no podrían resistir el ritmo de la competencia, en especial si sus productos no corresponden a los nuevos gustos del público. Esto coincide con la llamativa aparición del Styling, es decir, del producto superficialmente atractivo.

Algunos han defendido el styling como expresión de creatividad popular autentica, a pesar de su verdadero origen en los centros de estudios de la gran industria. Otros han preferido ligarlo a la estética Kitsch, sin tener en cuenta la complejidad socio-cultural en ese proceso productivo.

El fordismo había introducido el puritanismo en el trabajo y en la vida del trabajador, sustentada en el rigor y el ascetismo. Sin embargo, la nueva estrategia es el “producto irracional”, cuyo trabajo improductivo es posible, donde confort y estética son un valor positivo.

Se ha podido decir que: la única opción posible no puede estar, como se pretende, entre la “nueva pobreza” del funcionalismo y la “vieja riqueza” del styling, entre el design y el anti-design entre el “objeto racional” y el “objeto irracional”. La relación productividad – producto continua siendo una interrogante, y un desafió.

¿En qué consiste la perversidad de la reproducción de la mercancía cultural?

Para comenzar, cabe señalar que los medios de comunicación en sus variados formatos son concebidos como un sistema. Este se explica, según sus agentes, en la aplicación de un lenguaje tecnológico. Esta empresa posee un público “entretenido” y obediente, que se nutre exclusivamente de mensajes publicitarios. En suma, una situación de consumo estimulada por la inversión.

El mapa es creado a medida que se plantean sus particularidades. El cine representa el mundo real. La industria cultural fija un lenguaje a través de la censura de la misma forma que su opuesto vanguardista. Como en el caso de Orson Welles, sus irreverencias hacia el orden establecido, según Adorno y Horkheimer, no hacen más que fortalecer el mismo.

“La industria cultural, en suma, absolutiza la imitación.” Con este recurso, el público satisface su demanda, estableciendo su propio sometimiento. La reiteración de fórmulas similares es un indicador de la relación del sujeto con el pasado. En ocasiones, elementos de esta realidad configuran vivencias extrañas y reveladoras. Mientras que en otros casos, funcionan como figuras represivas.

Quizás, como se cuestionan los autores de este texto, es posible que ante la desaparición de “centros culturales” (como radios y cines), el público no perciba su ausencia; lo que implica una reflexión significativa.

La experiencia estética es vivenciada mediante el humor, reaccionando a un complejo de castración; inducido, en este caso, por el audiovisual. Este hecho, deja en evidencia la normativa mediática aceptada por el espectador de turno. Aquí subyace un escenario distópico, establecido por los negocios y la carga deamusement. “Se combate al enemigo ya derrotado, al sujeto pensante”.

Se busca mediatizar el hecho cotidiano por parte de la ideología hegemónica, carente de sentimientos. En esta cultura, la iniciación se vive como un estado constante; donde ser adolescente no es pecado (síndrome de Peter Pan). Además, la sociedad actual, a través de la competencia, marca la dureza en el nuevo individuo.

Los referentes icónicos de la industria cultural se mezclan y confunden con bienes de consumo standard. Esto trae aparejado la desaparición de valores humanos esenciales; por ejemplo, el conocimiento técnico en desmedro de la crítica, o el culto a las imágenes por el respeto humano.

La publicidad es una razón de existencia de la industria cultural. Los nuevos códigos culturales y su aceptación repetida, hacen de la publicidad un espacio fértil para el ejercicio de la autocensura.

Bajo el imperativo de las expectativas corporativistas, las especializaciones técnicas requieren una trama psicológica en su concepción (por ejemplo, el marketing), mediante la cual la sociedad entera es manipulada a su imagen y semejanza.